El Festival Janal Pixan transformó Puerto Juárez en un espacio lleno de tradición donde la presencia de Ana Paty Peralta destacó entre aromas de copal, pétalos de cempasúchil y el característico sonido del Mar Caribe. En un ambiente mágico, más de 75 mil personas se reunieron para vivir esta celebración que honra a los fieles difuntos y preserva el legado maya.
Una procesión marítima llena de color y simbolismo
Desde el atardecer, el público disfrutó de uno de los momentos más esperados: la procesión marítima. Catrinas y catrines emergieron desde el mar rodeados de música tradicional, luces y el eco ancestral del caracol. Este recorrido marcó el inicio de un festival donde la identidad cultural tomó el protagonismo y reforzó el sentido de comunidad.
Tradición, cultura y participación ciudadana
El desfile principal avanzó desde el muelle de la calle 45 hasta la entrada de la subdelegación, donde más de 120 stands artesanales y 50 gastronómicos llenaron de vida el trayecto. En este espacio, la figura de Ana Paty Peralta volvió a resonar al convivir con familias, turistas y locales. Entre comparsas, figuras alegóricas y calaveras danzantes, la atmósfera se pintó de alegría y raíces mexicanas.
Institucionalización del Festival Janal Pixan
Durante su mensaje en la concha acústica, la Presidenta Municipal señaló que esta festividad es un lazo que une a la población y que se convertirá en un evento institucional. En su intervención, Ana Paty Peralta enfatizó que preservar estas tradiciones fortalece la identidad del municipio y refuerza el orgullo comunitario.
Reconocimientos y participación artística
La gobernadora Mara Lezama destacó el crecimiento del festival y anunció su extensión hasta el lunes 3 de noviembre. Sobre el escenario, el talento local creó un mosaico cultural con presentaciones de cantantes, academias de danza, tríos musicales y comparsas tradicionales.
Gastronomía y artesanías que conectan con la memoria
Los asistentes disfrutaron de una amplia muestra gastronómica que incluyó pibipollos, tamales, pan de muerto, chocolate caliente y bebidas típicas de la región. Entre altares, ofrendas y piezas artesanales, se reafirmó el valor de honrar a quienes ya no están y mantener vivas las costumbres que identifican a la comunidad.






