Las sanciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos han intensificado el aislamiento del sector aéreo de Irán, un país cuya conectividad internacional ya era limitada. La keyword principal de esta coyuntura es el impacto de las sanciones estadounidenses sobre las aerolíneas iraníes y las repercusiones para la economía y la movilidad del país.
Un sector aéreo bajo presión internacional
El martes, la administración Trump sumó nuevas aerolíneas iraníes y empresas extranjeras a su lista de entidades sancionadas. Además, advirtió a las instituciones financieras sobre los riesgos de operar con este sector, al que acusa de ayudar a Teherán a adquirir componentes para armas.
La industria aeronáutica iraní ha estado sujeta a sanciones desde finales de la década de 1970. Según la consultora Cirium, la antigüedad media de las aeronaves en servicio en Irán es de 42,2 años, más del doble del estándar del sector para retirar aviones “viejos”.
Impacto económico y operativo
El impacto económico de las sanciones es difícil de cuantificar. El año pasado, el director ejecutivo de Iran Air afirmó que el sector contribuía con un 9 % al PIB del país, valorado en unos 300.000 millones de dólares. Sin embargo, no existen datos oficiales sobre cómo ha variado esta cifra desde los ataques lanzados por Israel y Estados Unidos el 28 de febrero.
Las sanciones recientes “podrían prácticamente paralizar la conectividad aérea de Irán con el exterior”, según Farhad Alavi, socio del bufete Akrivis Law Group en Washington D. C. El Tesoro estadounidense sancionó a 36 entidades por apoyar al sector de la aviación iraní, utilizado, según el comunicado oficial, para transportar armas, personal y carga ilícita.
Durante el breve periodo de alivio de sanciones tras el acuerdo nuclear (JCPOA) de 2016, las aerolíneas iraníes encargaron aviones por valor de unos 40.000 millones de dólares a empresas occidentales: 100 a Airbus, 120 a Boeing y 20 a ATR. Solo se entregaron 16 aeronaves antes de que Estados Unidos se retirara del pacto.
Consecuencias para la conectividad y los ciudadanos
Antes de la guerra, la conectividad aérea internacional de Irán ya era limitada y ahora es prácticamente inexistente, pues todas las compañías internacionales y regionales suspendieron sus operaciones tras el 28 de febrero. El Aeropuerto Internacional Imán Jomeini de Teherán, el principal centro de conexión internacional, mantiene algunas llegadas y salidas de vuelos extranjeros operados por aerolíneas locales. Los destinos más frecuentes son Estambul, Bagdad, Shanghái, Mascate, Dubái y Tiflis.
La vigilancia del cumplimiento de las sanciones presenta desafíos, ya que algunos países con vínculos con Teherán han minimizado las amenazas recientes. Según Dina Esfandiary, analista de geoeconomía de Bloomberg para Oriente Medio, “gran parte de la industria aeronáutica iraní ya está fuertemente sancionada, por lo que el impacto será limitado. No obstante, esto disuadirá a las pocas aerolíneas que aún vuelan a Irán de seguir haciéndolo o provocará un aumento de los precios si deciden continuar. El resultado, una vez más, es que los ciudadanos iraníes de a pie siguen siendo los más perjudicados”.
Reacciones y contexto internacional
Estas sanciones se suman a las impuestas el mes pasado contra dos bancos extranjeros: las sucursales en los Emiratos Árabes Unidos del banco egipcio Banque Misr y el turco Golden Global Investment Bank. El objetivo declarado es cortar el apoyo logístico y financiero al sector aéreo iraní.
El sector, ya muy deteriorado, depende de prácticas como el desmantelamiento de aviones estacionados para obtener repuestos, ya que Boeing y Airbus SE no pueden vender fácilmente sus productos en el país.
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Perspectivas para el futuro
La industria aeronáutica iraní enfrenta un futuro incierto, con una conectividad aérea internacional casi nula y una flota envejecida. Las sanciones estadounidenses continúan profundizando el aislamiento del país y dificultando la vida cotidiana de sus ciudadanos.






