El paso de Polo frente a las costas del Pacífico mexicano evidenció que un ciclón puede generar efectos económicos incluso sin tocar tierra. Las acciones preventivas, como cierres de puertos y suspensión de actividades, implican gastos que comienzan días antes del impacto.
Medidas preventivas antes del impacto
Desde el 20 de septiembre, la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC) inició despliegues y vigilancia en zonas susceptibles a inundaciones y deslizamientos, cuando Polo aún era una depresión tropical. A medida que aumentaba su intensidad, las acciones se intensificaron, incluyendo el despliegue de personal y recursos en estados del litoral del Pacífico.
Impacto en la economía de la región
El huracán alcanzó categoría 5 en la escala Saffir-Simpson el martes 22 de septiembre y, aunque no se preveía un impacto directo en territorio mexicano, las autoridades activaron planes de prevención. La industria hotelera y el transporte marítimo comenzaron a prepararse, lo que implica costos incluso sin daños materiales.
Costos en la actividad marítima y portuaria
El puerto de Manzanillo movilizó en 2026, entre enero y julio, más de 2 millones 455,956 TEU, lo que representa el 43.4% de todos los contenedores del sistema portuario mexicano en ese período. La suspensión de operaciones por el cierre preventivo puede generar retrasos y pérdidas económicas en toda la cadena logística.
Decisiones bajo incertidumbre
La prevención ante huracanes implica decisiones difíciles, ya que actuar demasiado tarde puede poner en riesgo a la población y la infraestructura, pero hacerlo con anticipación puede significar suspender actividades que, en el peor escenario, no sufrirán daños. La experiencia con Polo muestra cómo estas decisiones generan costos desde días antes del impacto.






