El presidente municipal de Culiacán, Sinaloa, Juan de Dios Gámez Mendívil confirmó este jueves el asesinato del líder electo del Sindicato de Trabajadores del Servicio del Ayuntamiento de la demarcación (STASAC), Homar Salas Gastélum, tras un ataque armado que ha conmocionado a la comunidad trabajadora.
Salas Gastélum, afiliado al Partido del Trabajo (PT), habría sido víctima de una agresión armada, según lo expresado por el presidente municipal de Culiacán a través de su cuenta de X. El asesinato representa un acto de violencia que enluta nuevamente a la administración municipal y genera interrogantes sobre las circunstancias que rodearon este evento.
Confirmación Oficial y Condena de Autoridades
Sin brindar detalles específicos sobre lo ocurrido, el alcalde condenó enérgicamente los hechos violentos y exigió una investigación exhaustiva por parte de las autoridades correspondientes con la finalidad de esclarecer lo sucedido. “Mi abrazo solidario a su familia, a sus amigos y a los trabajadores del Ayuntamiento”, se lee en la publicación oficial que circuló tras conocerse la noticia. Esta manifestación de solidaridad refleja la gravedad que las autoridades municipales atribuyen al crimen.
Actividad del Líder Horas Antes del Ataque
Homar Salas Gastélum, horas antes de la agresión, se encontraba activo en sus redes sociales, donde recordó a la población su asistencia al desfile del 1 de mayo que se llevaría a cabo en punto de las 7:00 de la mañana en Avenida Constitución, entre Avenida Andrade y Aquiles Serdán. Esta actividad normal sugiere que el dirigente del sindicato desconocía la amenaza inminente que le esperaba, aunque ya había sido víctima de un atentado previo meses atrás.
Circunstancias del Ataque
Por su parte, medios de comunicación locales reportaron que sujetos armados habrían arribado a su domicilio ubicado en un fraccionamiento de nombre Brisas del Humaya cuando se encontraba fuera del mismo junto con sus escoltas. La presencia de seguidores sugiere que el líder del Sindicato de Trabajadores de Culiacán era consciente de cierto nivel de riesgo, aunque aparentemente insuficiente para prevenir este ataque letal.
El lugar permanece acordonado por las autoridades y, según la información preliminar reportada por los medios locales, dos personas recibieron impactos de bala, entre ellos se encuentra el dirigente del STASAC, quien murió a causa de las mismas. La cifra de víctimas mortales en el incidente amplifica la magnitud de la agresión perpetrada contra el líder sindical y sus acompañantes.
Antecedentes de Violencia Contra el Dirigente
Cabe recordar que, según reportes, el 18 de febrero fue víctima de un primer atentado en el marco de su candidatura por la dirigencia del Sindicato cuando civiles armados habrían disparado en varias ocasiones contra la fachada de su domicilio. Este antecedente subraya un patrón de violencia dirigida específicamente contra Homar Salas Gastélum, sugiriendo motivaciones políticas o económicas relacionadas con su liderazgo dentro de la organización laboral.
Contexto de Inseguridad en Sinaloa
Su asesinato ocurre un día después de que fuera revelada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ, por sus siglas en inglés) la apertura de una investigación en contra del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, junto con nueve funcionarios y exfuncionarios tras presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa. Esta proximidad temporal entre ambos eventos genera interpretaciones que vinculan la violencia contra el dirigente sindical con problemas más amplios de criminalidad organizada que afectan la gobernanza estatal.
Implicaciones para el Sindicato y la Gobernanza Local
La muerte de Salas Gastélum representa no solo una pérdida personal irreparable para su familia, sino también un vacío crítico en el liderazgo del Sindicato de Trabajadores de Culiacán en un momento de transición administrativo. Su condición de “líder electo” sugería que enfrentaría desafíos en la implementación de su agenda sindical, desafíos que ahora permanecerán unresueltos.
Interrogantes Sobre Seguridad
El evento plantea preguntas fundamentales sobre la capacidad de las autoridades para proteger a líderes comunitarios que se consideran objetivos de violencia. La existencia de escoltas no resultó suficiente para evitar esta tragedia, cuestionando la efectividad de las medidas de seguridad implementadas y la naturaleza de las amenazas que enfrentan los funcionarios públicos y líderes sindicales en Sinaloa.






