La madrugada del martes se confirmó el fallecimiento de Mauricio Fernández, alcalde con licencia de San Pedro Garza García, a los 75 años. El político, empresario y cuatro veces edil del municipio más rico de América Latina, perdió la vida tras una larga lucha contra el cáncer de pulmón.
Últimos días y licencia por salud
El 15 de septiembre, Fernández solicitó una licencia de 13 días para atender cuestiones relacionadas con su tratamiento. Pocos días después, la noticia de su deceso conmocionó tanto a la política como a la ciudadanía sampetrina, que esperaba despedirlo de manera formal este jueves. Empleados y funcionarios ya habían organizado un homenaje para él, el cual no pudo realizarse debido a su partida.
Trayectoria política de un personaje clave
Fernández fue cuatro veces alcalde de San Pedro Garza García bajo las siglas del PAN, además de haber sido senador de la República entre 1994 y 2000. Su carrera política estuvo marcada por su estilo directo, firme y a veces polémico. También contendió por la gubernatura de Nuevo León en 2003, aunque no resultó electo.
En 2024 volvió a ganar la presidencia municipal, pero al poco tiempo debió enfrentar nuevamente los estragos de la enfermedad que lo acompañó en distintas etapas de su vida.
Formación académica y vida empresarial
Nacido en Monterrey en 1950, Fernández cursó estudios en la Universidad de Purdue, la Universidad Autónoma de Nuevo León, el IPADE y el Tecnológico de Monterrey, donde obtuvo una maestría en administración.
Además, tuvo una destacada trayectoria en el ámbito empresarial, participando en consejos y fundando compañías en sectores como alimentos, textiles, finanzas y bebidas. Esta dualidad entre política y negocios le permitió consolidarse como una de las figuras más influyentes de Nuevo León.
El cáncer que enfrentó en varias etapas
El padecimiento que enfrentaba era un mesotelioma, un tipo de cáncer que afecta los pulmones y que ya había combatido en ocasiones anteriores. En enero de 2025 reapareció la enfermedad, lo que lo llevó a detener sus tratamientos médicos y, en sus propias palabras, dejar el proceso “a la buena de Dios”.
La lucha contra la enfermedad marcó sus últimos meses, pero no opacó el legado que dejó en la vida pública y empresarial de México.






