El físico belga Francis Halzen, ganador del Nobel de Física 2026, ha dedicado su carrera al estudio de neutrinos, partículas que rara vez interactúan con la materia. A pesar de su reconocimiento académico, cada octubre experimentaba una sensación de decepción por no haber recibido aún el galardón más prestigioso.
El reconocimiento y la decepción de Halzen
En una rueda de prensa en la Universidad de Wisconsin–Madison, donde es profesor, Halzen expresó que “en esta época del año siempre me sentía miserable porque no ganaba el premio, y pensaba (…) que era terrible para mis colaboradores, que se lo merecían tanto, y que decepcionaba a toda la colaboración de IceCube cada octubre”. A sus 82 años, consideraba que su trabajo en el Observatorio de Neutrinos IceCube, en la Antártida, era fundamental para la física moderna.
El proyecto IceCube y su importancia
Halzen es la mente detrás del Observatorio de Neutrinos IceCube, un telescopio incrustado en un kilómetro cúbico de hielo antártico que detecta neutrinos de alta energía. Este proyecto, iniciado a finales de la década de 1980, ha permitido captar neutrinos provenientes de galaxias y de la Vía Láctea, contribuyendo significativamente a la astrofísica.
Reconocimientos y desafíos del proyecto
El investigador destacó que la Universidad de Wisconsin asumió riesgos importantes para llevar a cabo el proyecto, y agradeció a la National Science Foundation por su apoyo. Halzen también remarcó que, en retrospectiva, la suerte jugó un papel clave en el éxito del proyecto, que ha logrado captar neutrinos desde 2011.
El impacto del Nobel en la carrera de Halzen
La obtención del Nobel representa un reconocimiento a décadas de trabajo en física de partículas y astrofísica. Halzen, que creció en Bélgica, expresó su satisfacción por haber visto culminar su esfuerzo con este galardón, que valida la importancia de la investigación en neutrinos y su potencial para entender el universo.






